Como cada mañana hago mi recorrido. Camino sobre el puente, escucho el canto de algún mirlo, el gorjeo peleón de los gorriones y la llamada de las lavanderas, todo ello medio ahogado por el rugir fiero de unos pequeños rápidos. Atravieso el puente por su lado derecho, la maleza de esta parte del río lo hace salvaje. Palomas corretean por la calle, buscan los restos de la batalla nocturna. Se apelotonan enfrente de las puertas de los bares, buscando entre lo que la escoba ha sacado a golpes del local. Lejos se pierde el sonido de los rápidos y los pájaros. Pasa veloz algún coche, dentro mercenarios de la noche buscan un sitio donde recalar y espabilar el día que comienza. Poca gente por la calle, la mayoría se desliza al final de una cuerda de la que tira un presuroso perro. Un grupo de “zombis” se apelotonan a las puertas de un cerrado pub. Pareciera que les mueve solo la necesidad del consumo de alcohol. Miran ansiosos a través de los ventanales y la cerrada pue...