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El Eco de Lirios Marchitos

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Prólogo La cicatriz de piedra y olvido El valle de Valdesantiago no recibe la luz del sol como otros lugares; allí, el alba parece filtrarse a través de un sudario de gasa gris, una neblina perpetua que se enreda en las copas de los castaños milenarios como el aliento de un gigante agonizante. Yo caminaba por la senda vieja, una herida abierta en la ladera del monte, donde el brezo y el tojo luchan por devorar el rastro de los antiguos carros. El silencio no era tal, sino un coro de susurros: el crujir de las ramas secas bajo mis botas y el lamento del viento que, al pasar por los desfiladeros, imita el llanto de una mujer que ha olvidado su propio nombre. Tras una revuelta del camino, donde el bosque se espesa hasta volverse claustrofóbico, apareció la mansión. La Casona de los Lirios, así me habían dicho que la llamaban. No se alzaba sobre la colina; más bien parecía hundirse en la misma tierra, como si el peso de su propia historia fuera ya insoportable para sus cimientos...

No, no es el humo el verdadero olor del monte.

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Es curioso como cambia la mentalidad de los "pueblos". Ayer vi la noticia en la televisión de los preparativos en Japón, mediante simulacros, para minimizar los riesgos y víctimas en caso de un posible Tsunami. Decían que al ser un país propenso a terremotos la prevención era el mejor método frente a las fuerzas de la naturaleza. Hoy leo la columna de Pedro Trapiello (el seguro que vio la noticia también :-) ) y se hace la misma pregunta que me hice yo ayer ante el televisor. ¿Por qué en España, país no ya propenso sino sentenciado, que sufre año tras año multitud de incendios no somos capaces a tener una prevención? Aquí prevención le llaman a tener una cuadrilla de bomberos o voluntarios, un ejercito con palas y picos preparado o una flotilla de helicópteros e hidroaviones, que de nada sirve si la actuación por desidia, coordinación o burocracia pone muros y trincheras donde debería ser terreno llano y, al contrario, deja la maleza en donde deberían existir esas trinc...

¿Baja?

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El ascensor se detuvo y abrió su puerta. Cachaba en mano el viejo intentó salir. - No es su parada -contestó la extraña persona que entraba. Se cerro la puerta y continuó bajando en silencio. Unos pisos más y de nuevo se abrió la puerta. El anciano levantó el rostro y preguntó: - ¿Es este el final? Sus ojos, cansados, reflejaban toda una vida de penurias. - Sí, es su parada. Pero no, no es el final, todavía le quedan unos años. Con paso indeciso y ayudado por la cachaba, el anciano salió del ascensor al oscuro recibidor y se perdió entre las esquinas del pasillo mientras todo quedaba en tinieblas de nuevo. El ascensor continuó su bajada, con aquel insólito personaje, hacia las entrañas del infierno.  

La puerta

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Miro la puerta. Abierta al espacio. Cerrada en el tiempo. La herrumbre de sus goznes y la carcoma de su alma. Oigo en la oscuridad el deslizar quejumbroso, los golpes secos, los crujidos… No puedo apartar la vista de la maldita puerta. Por su delimitada forma una luz tenue se desliza y va más allá de lo permitido para acariciar mis dedos, para jugar con las formas. Crear caminos polvorientos plagados de viajeras motas que se posan en silencio. Intento concentrarme en ellos, ignorar los gritos desgarrados, que amenazantes vienen, del otro lado del espacio. Sostenidos en el tiempo. La puerta me llama. Me lleva a lo desconocido, me muestra lo intuido. Temo que se abra, me saquen de mi encierro para escuchar esos crujidos desde dentro de mi cuerpo y mis gritos se pierdan entre polvorientos rayos de luz en este infierno.

Nada tengo.

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Para el que nada tiene, lo poco es mucho más nada es suficiente para el que todo posee.   Yo poco tengo.   Cuatro paredes contra el fuerte invierno, verdes jardines donde dormir en primavera. Altas ventanas para el sol de otoño y una puerta abierta que te espera.   ¡No quiero techo!   Así, en las noches de verano mientras miramos las estrellas, la luna envidiosa de tu belleza, se mostrará siempre nueva.   Poseo lo suficiente…   El dibujo es de la pintora Camelia Davidescu.

Quioscos, libros, e-books y editores que han perdido el norte.

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Ahora (año 2011-2012) estamos ya con la fiebre de los tablets, kymas, orbyt, etc... Hace pocos años atrás los reniegos venían de las librerías hacia otro tipo de ediciones: la de los libros por fascículos. Los libreros veían (¡y que pocos años atrás es!) como los quioscos les quitaban su trozo del pastel. Los quioscos que siempre pagan la culpa ya que no son ellos quienes introducen eso nicho de libro-fascículo en el mercado, sino que es la propia editorial, y que puestos a elegir, incluso ni lo querrían. Me maravilla la forma que tiene la gente de ver sus "daños" y no los daños globales. Se extraña la autora de que un quiosco, cosa por otra parte normal, vendiera libros que se supone debería hacer una librería. Pero no se extraña que una panadería vendiera prensa. Vamos que a la hora de hacer conjuntos, como nos enseñaron de pequeños en el cole, es más lógico agrupar pan con prensa que revistas con libros. Debe de ser porque pan y prensa empiezan por "P" y en...

Imaginarium

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La realidad tiene más tropos que la poesía, la poesía más dureza que la realidad. Dime entonces ¿Dónde está la frontera que las separa? ¿En qué verso dejamos de ser actores para convertirnos en poetas?   ______________________________________________________ "Poesía y Realidad" Como sombras oscuras en la noche Marchamos hacia el destino Heridos de bala Escribiremos con armas Otra pieza de la historia. Apunta bien... El amanecer será testigo de que la tierra va a beber sangre Dispara. El plomo entonces se moverá Y tendrás el tiempo exacto de entender que está pasando al alba Y te quedas ahí Con los ojos en el cielo Mientras un hermano dispara su rifle Desde el paraíso El Salvador lo escucha Sabes que No bajarán los ángeles Desde el cielo El infierno está en la tierra donde se pelean los pobres Por un mismo ideal Venceremos! Banda Bassotti