¡Escucha! ¿Lo oyes?
Cuando la mar susurre nuestros nombres acudiremos sigilosos, en un atardecer oxidado. Sobre puentes de ríos inciertos que pierden sus aguas en pantanos de podredumbre. Caminamos erguidos, insomnes, hacia la lechosa luz, ¡maldito sol de muerte!. ¿Oyes el rugido de las olas? ¿Sientes la brisa en tu cara? ¿Hueles la húmeda sal? Notas la arena deslizarse bajo tus pies y corres, corres, corres… Libre al fin. Es el mar, la mar. Dulce y fría sensación, espuma rodeando tu cuerpo. Y viajas, de nuevo, a través de mil soles, mundos sin origen y lunas ocultándose en horizontes planos donde nunca acuden los que no oyen a la mar susurrando su nombre.