El placer de una noche de verano
Eran las 11 de la noche más o menos. La luna emergía, redonda y plena enfrentada al agonizante sol que caía ocultando su fuego más allá de las montañas. Hacía calor y ya habíamos llegado al destino marcado. Por aquel entonces yo tendría unos 15 o 16 años y no era la primera vez que lo iba a hacer pero, en este caso, era algo especial; terreno virgen, o eso me habían asegurado. Llegar a ese punto costó lo indecible pero ahí estaba yo, de pie, sudando y a la vez con escalofríos recorriendo mi cuerpo, quizá los nervios, quien sabe... La oscuridad llegaba rápido. La luna, cada vez más grande, iluminaba y mostraba en toda su atrayente y nívea hermosura aquel agujero rodeado de salvajes y enmarañadas matas. No había lugar a retrasar lo inevitable así que preparado ya, me deslizé allí dentro. Lo fui conquistando centímetro a centímetro, lentamente, disfrutando el saber que nadie antes había penetrado allí, entonces toqué el final del agujero y sentí que una parte de las experiencias que ...
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