En ese lugar entre el sumidero y el infinito allí donde habitan nuestros olvidos, donde se pierde el tiempo entre remolinos de incertidumbre y el terror nos tiende su descarnada mano. Agazapada la locura acecha dormida, el sopor susurra palabras repletas de dolor, la meteca luz cubre su palidez por no destacar y el viciado aire acaricia pesadillas sin nombre. Es aquí donde nos encontrará donde el grito no tendrá fin donde la carne se separará de los huesos. Los ojos mirarán, una vez más, dentro de nosotros, las manos asirán el vacio de la materia el espíritu creará bocetos de pequeños horrores que reptaran entre la mentira y el rencor, entre la lujuria y el desengaño, entre la maldad y la náusea arrastrándose hacia nuestro particular infierno La muerte cosechará su cuota de almas impuras y nosotros vaciaremos la vida en un aullido prolongado que se expandirá entre la niebla correosa una triste tarde de invierno. ...