La puerta

Miro la puerta.
Abierta al espacio.
Cerrada en el tiempo.
La herrumbre de sus goznes
y la carcoma de su alma.
Oigo en la oscuridad
el deslizar quejumbroso,
los golpes secos,
los crujidos…
No puedo apartar la vista
de la maldita puerta.
Por su delimitada forma
una luz tenue se desliza
y va más allá de lo permitido
para acariciar mis dedos,
para jugar con las formas.
Crear caminos polvorientos
plagados de viajeras motas
que se posan en silencio.
Intento concentrarme en ellos,
ignorar los gritos desgarrados,
que amenazantes vienen,
del otro lado del espacio.
Sostenidos en el tiempo.
La puerta me llama.
Me lleva a lo desconocido,
me muestra lo intuido.
Temo que se abra,
me saquen de mi encierro
para escuchar esos crujidos
desde dentro de mi cuerpo
y mis gritos se pierdan
entre polvorientos rayos de luz
en este infierno.

firma

Comentarios

Janial ha dicho que…
je, je. ese invertir para que sea la puerta quien nos llame es cojo... bueno, muy bueno, si señor.

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